9 actitudes que fortalecen la relación matrimonial

Los matrimonios enfrentan profundas crisis. Son diversas. Debemos salir al paso para resolverlas, con ayuda de Dios.

Los matrimonios enfrentan profundas crisis. Son diversas. Debemos salir al paso para resolverlas, con ayuda de Dios.


Por Fernando Alexis Jiménez | Misión Edificando Familias Sólidas


Como cristianos estamos llamados a hacer nuestro mejor esfuerzo, con ayuda de Dios, para salvar el matrimonio. El divorcio no debe ser la primera opción. Es esencial que, antes de pensar en la separación, nos inclinemos por buscar a nuestro amado Padre, llevarle la situación a su trono de gracia y permitir que nos ayude en el proceso de encontrar soluciones.

Ahora, hay actitudes y comportamientos que fortalecen la relación con su cónyuge. Compartimos, al menos, nueve recomendaciones:

1.- Pasen tiempo juntos.

2.- Compartan actividades.

3.- Procure conocerse cada día más y, a su vez, conocer a su cónyuge.

4.- Si surgen dificultades, privilegie el diálogo antes que la confrontación.

5.- Si requiere ayuda, en momentos difíciles, pídale ayuda a su pareja.

6.- Guarde la confidencialidad de las cosas que ocurren entre los dos.

7.- Cuando su cónyuge exprese su inconformidad por algo, no le interrumpa.

8.- No culpe siempre a su cónyuge por las cosas negativas que ocurren.

9.- No guarde silencio simplemente para expresar su molestia.

Buscar y encontrar soluciones a los conflictos de pareja, con ayuda de Dios, debe ser una de nuestras metas.

AMOR EN LA VIDA CONYUGAL

En la primera carta del apóstol Pablo a los creyentes de Corinto, encontramos una maravillosa descripción del amor práctico, que aplica a la vida conyugal:

«El amor es paciente y bondadoso; no es envidioso ni jactancioso, no se envanece; no hace nada impropio; no es egoísta ni se irrita; no es rencoroso; no se alegra de la injusticia, sino que se une a la alegría de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.» (1 Corintios 13:4-7; Cf. 1 Corintios 12:31 | RVC)

El autor cristiano, Ed Wheat, en el libro “El amor que no se apaga”, anota lo siguiente:

“El amor incondicional es muy importante en la relación. Por ejemplo, demostrar amor incondicional ayudará a su cónyuge a sentir seguridad en los períodos de tensión. Amor incondicional incluso cuando las reacciones de su pareja no son las que usted esperaba. El amor incondicional fue diseñado por la sabiduría de Dios como la mejor medicina para la salud mental.”

Amor incondicional es una actitud que debe esbozar siempre en la relación familiar, con su cónyuge, pero también con los hijos, ya que le da solidez al hogar. Permite sobreponerse por encima de cualquier circunstancia.

En lo que respecta a la vida conyugal, permítanos citar lo que escribe el rey Salomón:

«Bebe el agua de tu propio pozo, el raudal que mana de tu propia cisterna. ¿Por qué derramar tus fuentes por las calles, y tus corrientes de aguas por las plazas? Esas aguas son para ti solo, no para compartirlas con gente extraña. ¡Bendito sea tu manantial! ¡Alégrate con la mujer de tu juventud, con esa cervatilla amada y graciosa! ¡Sáciate de sus caricias en todo tiempo! ¡Recréate siempre con su amor! Hijo mío, ¿Por qué perder la cabeza por la mujer ajena? ¿Por qué arrojarte a los brazos de una extraña?» (Proverbios 5: 15-20 | RVC)

Darle amor, el que más podamos, al ser amado. A esa esposa que Dios nos ha concedido el privilegio de tener a nuestro lado.

DECÍDASE A FORTALECER LA RELACIÓN

La decisión de fortalecer la vida familiar, está en nuestras manos. Ahora, en el proceso no estamos solos. Dios nuestro Padre nos ayuda en cada paso.

En esa dirección, le invitamos a meditar y a avanzar en los siguientes pasos:

1.- Determine amar a su cónyuge de manera permanente e incondicional.

2.- Revise y mejore sus actitudes hacia el cónyuge.

3.- Pida la orientación de Dios para llevarse bien con su pareja.

4.- Jamás pierda de vista el hecho de que, la decisión de cambiar con ayuda de Dios, está en sus manos.

El amor debe primar en la relación. Puede que la dosis de amor que recibamos del ser amado no sea la misma que le prodigamos. Sin embargo, tenga en cuenta que, también cuando amamos, estamos honrando a Dios. Nuestro hogar es un espacio para glorificarlo.

EL AMOR QUE PERDONA

Dios nos ofrece siempre la oportunidad de cambiar y emprender una nueva vida. No es por nuestros méritos, sino por Su infinita gracia. Esa gracia maravillosa que cargó en Jesús nuestro Señor todo el peso de nuestra culpa. Llevó a la cruz nuestros pecados. Pagó el precio.

Por gracia, recibimos perdón cuando nos arrepentimos delante del Padre y pedimos Su misericordia.

El apóstol Pedro lo explica así:

«Él mismo llevó en su cuerpo nuestros pecados al madero, para que nosotros, muertos ya al pecado, vivamos para la justicia. Por sus heridas fueron ustedes sanados. Porque ustedes eran como ovejas descarriadas, pero ahora se han vuelto al Pastor que cuida de sus vidas.» (1 Pedro 2:24-25 | RVC)

Y Dios lo hizo así, porque en su infinito amor no quiere que nadie se pierda por la eternidad:

«Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.» (Juan 3:17-18 | RVC)

Ahora, debemos ser claros: la decisión de apropiarse de la gracia divina, está en sus manos. Dios no lo obligará a dar ese paso de fe y creer en la obra redentora de Jesús en la cruz. Esa obra que nos lleva a tener la certeza de que somos salvos por fe y no por obras.

Hoy es el día para que tome la decisión de acogerse a la gracia de Dios. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

© Fernando Alexis Jiménez | @VidaNuevaCo

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