Si hay algo maravilloso es que, por la obra redentora del Señor Jesús en la cruz, todos nuestros pecados fueron perdonados. Dios nos mira ahora de una manera distinta, por la maravillosa gracia en la que creemos.
Por Fernando Alexis Jiménez | Misión Edificando Familias Sólidas
Anualmente decenas de personas son engañadas, principalmente en Latinoamérica, para involucrarlas en el negocio de la prostitución. Prometen trabajos diversos, como modelos de prestigiosas empresas o, quizá, empleadas de algún almacén. Finalmente descubren que están inmersas en el negocio de la trata de personas.
Alison Vivas fue una de las víctimas de la moderna esclavización de seres humanos. Su historia comienza en el 2017 cuando, desde México, le ofrecieron vinculación. Atraída por falsas promesas laborales y la esperanza de un futuro mejor, se dejó convencer y terminó viajando desde Colombia hasta México. Desconocía que acababa de ser vendida por una de sus mejores amigas.
Relató su trágica vivencia en el Podcast «Vos Podés«. Relató que llegó al aeropuerto de Cancún para trabajar como recepcionista en un restaurante. Allí le indicaron que debía pasar por el filtro de migración. Luego, un hombre se le acercó y le preguntó si ella iba con “Melisa”. Ella asintió y se fue con él. En el estacionamiento, esperaron a otra mujer procedente de Barranquilla, Colombia, por dos o tres horas.
En la casa donde la alojaron, le quitaron el pasaporte. Le informaron que suscribiría un contrato de trabajo por alrededor de diez millones de dólares que era, según les dijeron, lo que habían invertido en el viaje y demás gastos.
«Ni vendiendo todo lo que tenía, mi madre o mi familia iban a poder pagar esa deuda. Esto no tenía solución. Sólo la tenía yo, y era pagar el dinero que, según ellos, les debía”, dijo Alison a la entrevistadora.
UN TIEMPO EN EL INFIERNO
Alison comprobó que aquello era un verdadero infierno. Actividades de prostitución que le producían repulsión, pero a las que no se podía negar en jornadas que se extendían más allá de las diez horas cada día.
Algunas de sus compañeros que intentaron huir, fueron muertas o agredidas violentamente.
Los días se tornaban eternos. Aun cuando buscó alternativas, ninguna funcionó. En todo ese tiempo, solamente Dios era su refugio. ¿A quién más contarle su desgracia?
Finalmente, el curso de su historia cambio. La respuesta divina se produjo. No fue fácil ni tampoco como ella pudiera haber imaginado. Finalmente regresó a su país y emprendió una nueva vida. Dios hizo posible lo imposible.
DIOS BORRA NUESTRO PASADO
Todos hemos cometido errores. Unos de manera voluntaria y, otros involuntariamente. Pecados que quizá hoy nos avergüenzan. Es más, probablemente hemos pensado que, si pudiéramos devolver el tiempo, no habíamos caído en esas trasgresiones. Sin embargo, lo más probable es que lo haríamos de nuevo.
Cuando nos acogemos a la gracia de Dios, Él perdona todo nuestro pasado, lo limpia por completo y nos brinda una nueva oportunidad.
Alrededor del tema, por inspiración del Espíritu Santo, el profeta escribió:
««Ya no se acuerden de las cosas pasadas; no hagan memoria de las cosas antiguas. Fíjense en que yo hago algo nuevo, que pronto saldrá a la luz. ¿Acaso no lo saben? Volveré a abrir un camino en el desierto, y haré que corran ríos en el páramo.» (Isaías 43:18-19 | RVC)
¿Cómo es esto posible? Cuando somos conscientes de nuestros pecados, nos arrepentimos y pedimos el perdón de Dios.
«¿Qué otro Dios hay como tú, que perdona la maldad y olvida el pecado del remanente de su pueblo? Tú no guardas el enojo todo el tiempo, porque te deleitas en la misericordia. Tú volverás a tener misericordia de nosotros, sepultarás nuestras iniquidades, y arrojarás al mar profundo todos nuestros pecados.» (Miqueas 7: 18, 19 | RVC)
Probablemente reflexionamos que nuestra maldad no tiene perdón. Por eso no nos acercamos al Padre. Sin embargo, estamos equivocados: Él sí nos perdona, de una vez y pasa siempre.
«Busqué al Señor, y él me escuchó, y me libró de todos mis temores. Los que a él acuden irradian alegría; no tienen por qué esconder su rostro. Este pobre clamó, y el Señor lo oyó y lo libró de todas sus angustias.» (Salmo 34:4-6 | RVC)
Sea cual fuere su situación particular, es tiempo de volver la mirada a Dios. Acérquese a Él con fe, creyendo en su gracia que se materializó con la muerte del Señor Jesús en la cruz.
El evangelista, Billy Graham, señala lo que ocurrió en la cruz:
“Una vez que has ido a la cruz, ya nunca más vuelves a ser el mismo; la obra de la cruz es externa. Su gloria nunca se desvanece. La cruz estuvo en el corazón del Padre y del Hijo desde la eternidad. La cruz está también en el corazón de quienes se han comprometido con el Señor.” (Citado en el libro “Lo que sucedió en la cruz”)
Vuelva la mirada a Dios. Vaya a la cruz en procura de ese perdón que está a su disposición.
SÓLO ES POR GRACIA
El perdón de nuestros pecados no es porque seamos buenos ni porque hagamos cosas meritorias, sino por gracia. Por mucho que nos esforcemos, en nuestra voluntad, no podemos ganar la salvación, Cristo Jesús, al morir en la cruz, fue quien nos aseguró que pudiéramos ser salvos:
«Será despreciado y desechado por la humanidad entera. Será el hombre más sufrido, el más experimentado en el sufrimiento. ¡Y nosotros no le daremos la cara! ¡Será menospreciado! ¡No lo apreciaremos! Con todo, él llevará sobre sí nuestros males, y sufrirá nuestros dolores, mientras nosotros creeremos que Dios lo ha azotado, lo ha herido y humillado. Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados.» (Isaías 53:3-5 | RVC)
En el madero, vertiendo su sangre preciosa y, siendo inocente, Jesús logró que fuéramos perdonados y hoy el Padre nos vea santos y justos. Eso algo maravilloso y sobrenatural que no es fácil comprender, pero es real.
Permítanos citar nuevamente al evangelista, Billy Graham:
“Los elegidos son aquellos que han recibido a Jesús como su Salvador personal. Cristo no vino a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan. La cruz es donde Jesucristo mismo cargó con los pecados del mundo. Dios es quien puede hacernos totalmente nuevos. Una nueva vida comienza en el momento en el que recibimos a Jesucristo y el Espíritu Santo viene a morar en nosotros.”
Cuando nos apropiamos de la gracia divina que perdona y transforma, que nos limpia y brinda una nueva oportunidad, llegamos a ser nuevas criaturas. Así nos ve Dios.
«De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo!» (2 Corintios 5: 17 | RVC)
Nuestro amado Salvador nos rescata de la esclavitud para que experimentemos esa nueva vida:
“… que también nos ha librado del poder de la oscuridad y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados.” (Colosenses 1:13, 14 | RVC)
Concluimos entonces en que sí hay perdón para nuestros pecados. Dios no solamente nos limpia de toda maldad, por la obra redentora de Jesucristo, sino que, además, borra todo nuestro pasado.
Ahora, Dios no nos obliga a aceptar Su gracia. Es un regalo y, como tal, debemos recibirlo por fe. Damos el paso, cuando reconocemos y aceptamos la redención en la cruz. Hoy es el día para que usted emprenda una nueva vida.
© Fernando Alexis Jiménez | @VidaNuevaCo