Es cierto que, aún estando en la gracia de Dios, la proclividad al mal puede que nos lleve a cometer pecados. Es entonces cuando debemos recordar que hay perdón en el Señor.
Por Fernando Alexis Jiménez | Misión Edificando Familias Sólidas
Cuando Dios perdona nuestros pecados, lo hace de una vez y para siempre. Por supuesto, en el pasado cometimos cualquier cantidad de equívocos que nos avergüenzan, pero cuando vamos a Cristo y nos acogemos a la gracia divina, el ayer queda borrado por siempre.
Satanás tiene una forma eficaz de atacarnos, y es con nuestro pasado. Procura que traigamos a la memoria los errores en los que incurrimos una y otra vez. Es Su forma de atacarnos, desmoralizarnos y, por supuesto, de quebrantarnos.
Sin embargo, el pasado no puede atormentarnos y, menos, convertirse en una atadura que nos impida avanzar.
El apóstol Pablo reconocía el cúmulo de pecados de su pasado, pero confiado en la gracia divina y el perdón, seguía dando cada día nuevos pasos:
“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3: 13, 14 | RVC)
Los pensamientos acusadores sobre lo que cometimos hace tiempo, son un ataque espiritual y, como tal, debemos enfrentarlos, tomados de la mano del Señor Jesús:
“Es verdad que aún somos seres humanos, pero no luchamos como los seres humanos. Las armas con las que luchamos no son las de este mundo, sino las poderosas armas de Dios, capaces de destruir fortalezas y de desbaratar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y de llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Estamos listos para castigar toda desobediencia, una vez que la obediencia de ustedes llegue a la perfección. Ustedes se fijan sólo en la apariencia de las cosas. Pero si alguno está convencido de que es de Cristo, piense bien en esto que le digo: que, así como él es de Cristo, también nosotros somos de Cristo.” (2 Corintios 10:3-17 | RVC)
Cuando el enemigo procure atormentarnos y la presión sea fuerte, es hora de llevar esos pensamientos sujetos a Cristo. Una forma práctica, sencilla y eficaz, es a través de la oración.
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¿Por qué lo hace así Satanás? Porque él busca establecer fortalezas en nuestra mente. Que nos enfoquemos en lo malo, la derrota, la tristeza, la depresión y la minusvalía, y dejemos de lado todo aquello maravilloso que tiene Dios para nosotros.
RENOVAR NUESTRA MENTE
Si hemos sido perdonados, nuestros pensamientos deben ser diferentes. Es necesario asumir que tenemos la mente de Cristo como anota el apóstol Pablo (1 Corintios 2: 16). Y, también escribe:
“Así que, hermanos, yo les ruego, por las misericordias de Dios, que se presenten ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. ¡Así es como se debe adorar a Dios! Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto.” (Romanos 12: 1, 2 | RVC)
Si algo pudiera atormentarnos, nuestro amado Salvador Jesucristo lo llevó a la cruz cuando materializó en el madero, con su sufrimiento, la gracia perdonadora de Dios hacia todos nosotros:
“Será despreciado y desechado por la humanidad entera. Será el hombre más sufrido, el más experimentado en el sufrimiento. ¡Y nosotros no le daremos la cara! ¡Será menospreciado! ¡No lo apreciaremos! Con todo, él llevará sobre sí nuestros males, y sufrirá nuestros dolores, mientras nosotros creeremos que Dios lo ha azotado, lo ha herido y humillado.” (Isaías 53: 3, 4 | RVC)
La escritora, Kay Arthur, explica:
“Satanás quiere que usted se concentre en su pasado, en lo que usted era. Odia que usted sea una nueva persona, y por esa razón le declara la guerra en sus pensamientos. Si Satanás logra que concentre sus pensamientos en cosas del pasado, entonces usted no podrá concentrarse en lo que Dios tiene para su futuro.”
La Palabra de Dios nos alimenta en ese proceso de renovar nuestros pensamientos y alimentarnos de lo que tiene el Padre para nosotros en el día a día. Es necesario, entonces, no solamente leer las Escrituras, sino creer lo que nos dice y caminar en consonancia con las pautas que nos traza.
DIOS ESTÁ TRABAJANDO EN NOSOTROS
Cuando nos acogemos a la gracia de Dios, Él inicia en usted y en mí el proceso de transformación que hemos anhelado. Ese crecimiento es progresivo pero eficaz.
El apóstol Pablo explica el asunto en los siguientes términos:
«Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no ha sido en vano, pues he trabajado más que todos ellos, aunque no lo he hecho yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.» (1 Corintios 15:10 | RVC)
Por supuesto, cambiar y crecer no es fácil. Sin embargo, el asunto es a otro precio cuando caminamos en la gracia de Dios y dependemos de Él en cada nuevo paso (Filipenses 3: 13, 14)
ES HORA DE APROPIARNOS DE LA GRACIA
Aun cuando no lo merecíamos, porque nuestros pecados son muchos, Dios nos extendió Su gracia desde antes de la fundación del mundo.
Determinó enviar a Su Hijo Jesús para que muriera en la cruz y poder así lavar toda nuestra maldad. Cada gota de sangre vertida por Cristo en el madero, pagó por toda nuestra pecaminosidad.
Piénselo: es algo maravilloso que Dios nos haya escogido para ser salvos desde la eternidad:
«En él, Dios nos escogió antes de la fundación del mundo, para que en su presencia seamos santos e intachables. Por amor nos predestinó para que por medio de Jesucristo fuéramos adoptados como hijos suyos, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.» (Efesios 1:4-6 | RVC)
Eso no significa que de antemano haya escogido quiénes se salvan y quiénes se condenan. Eso iría en contra de su voluntad amorosa con la humanidad. Lo que sí es cierto que sabe quiénes se acogerán a Su gracia y quienes la rechazarán. Eso sí es real.
Nuestro Padre conoce las luchas que libramos, antes de acogernos a la gracia y, también después. Pero jamás nos deja solos en el proceso, ni se olvida de nosotros (Isaías 49:13-16).
DIOS NO NOS DEJARÁ
Es cierto que, aún estando en la gracia de Dios, la proclividad al mal puede que nos lleve a cometer pecados. Es entonces cuando debemos recordar que hay perdón en el Señor. La meta es no caminar en la maldad, porque de allí fue de donde nos rescató el Padre, como leemos en las Escrituras:
“¿Acaso no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se equivoquen: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se acuestan con hombres, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los malhablados, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y eso eran algunos de ustedes, pero ya han sido lavados, ya han sido santificados, ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:9-11 | RVC)
Eso éramos, anota la Palabra. No somos. Nuestra naturaleza es nueva en Cristo (2 Corintios 5: 17; Romanos 6: 6, 7) y es alrededor de ella que debemos movernos.
Recuérdelo siempre: en la gracia de Dios nada ni nadie podrán separarnos de Su amor ilimitado:
“Por tanto, no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu… ¿Qué podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada? Como está escrito: «Por causa de ti siempre nos llevan a la muerte, somos contados como ovejas de matadero.»” (Romanos 8: 1, 35, 36 | RVC)
Hoy es el día para hacer un alto en el camino y comenzar a vivir una nueva vida. No en sus fuerzas, sino en la gracia de Dios. Recuerde que tener la victoria es posible cuando caminamos prendidos de la mano del Señor Jesús.
© Fernando Alexis Jiménez | @VidaNuevaCo