Vida eterna para su vida

Vida eterna para su vida

Quizá es tiempo de evaluarse y, con ayuda de nuestro Redentor, reorientar su vida, la misión que tiene en este tránsito terrenal y el propósito que le debe asistir cada día. 

Creyó que iba a morir. Cuestión de segundos. Quedaron grabados en su memoria. Justin Gauger desearía que sus recuerdos del rayo que lo alcanzó mientras pescaba en Arizona (Estados Unidos) no fueran tan intensos. Pero lo son.

«Los peces pican más cuando llueve”, le dijo a su esposa, Rachel, una tarde de agosto. Cuando la lluvia se convirtió en granizo, Rachel y sus dos hijos se refugiaron en el auto. Cuando el granizo empezó a ser más intenso, Justin agarró una silla plegable que tenía cerca y corrió a resguardarse también.

Fue entonces que se oyó un estruendo. Un dolor agudísimo lo sacudió. “Todo mi cuerpo se paralizó, no podía moverme —recuerda Justin—. Vi una luz blanca que rodeaba mi cuerpo, como si estuviese en una burbuja. Todo pasó a cámara lenta”.

Una pareja que se cobijó bajo un árbol corrió a ayudarlo. Le contaron después que seguía con la silla en la mano. Salía humo de su cuerpo. Cuando recobró el conocimiento, los oídos le zumbaban y estaba paralizado de cintura para abajo. “Cuando me di cuenta de que no podía mover las piernas me asusté”. 

Su cuerpo quedó marcado con múltiples cicatrices. Empezaban cerca de su hombro derecho y se extendían en diagonal a lo largo de su torso para continuar por la parte exterior de las piernas. ¡Definitivamente Dios le salvó la vida!

PENSAR EN LA MUERTE

¿Ha pensado alguna vez que la muerte puede tocar a nuestra muerte en cualquier momento? No avisa el día ni la hora. Solo Dios lo sabe. Pero, si muriera en las próximas horas, ¿iría a la presencia del Señor por siempre?

El Señor Jesús, horas antes de ser entregado a sus verdugos para morir, dijo a sus discípulos:

“Por tanto, yo les asigno un reino, así como mi Padre me lo asignó a mí, para que en mi reino coman y beban a mi mesa, y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.” (Lucas 22: 29. 30 | RVC)

Estar en Su Presencia por siempre. El gran anhelo. ¿Es posible? Por supuesto que sí. Cuando nos acogemos a la gracia de Dios para ser perdonados. Es Su respuesta amorosa a nuestro arrepentimiento sincero.

No importa cuánto hayamos pecado. Por la gracia de Dios, alcanzamos el perdón. Él nos asegura la vida eterna. Jesús ya pagó en el calvario toda nuestra culpabilidad. Hoy es el día para rendirnos a Él y permitir que Jesús entre a nuestro corazón.


© Fernando Alexis Jiménez | @Conexión365

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